jueves, 4 de diciembre de 2014

Libia: violencia y cinismo para dividir a un país


El horror no es una palabra caprichosa para definir lo que sucede en la Libia actual. Como es sabido, el desgobierno, los enfrentamientos armados y atentados, el permanente aumento en la cifra de muertos por el conflicto interno que asola al país del norte de África, y la confirmación de que esa tierra –que años atrás llegó a ser un modelo de sociedad para el continente negro- es caldo de cultivo y base de entrenamiento para mercenarios y terroristas que desestabilizan a Medio Oriente, son los puntos constantes y permanentes que cruzan a la nación.

Por más que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) junto a otros organismos internacionales alerten sobre lo que ocurre en Libia, y por más que las potencias encabezadas por Estados Unidos, ahora condenen el accionar de los terroristas que ellos financiaron y respaldaron, la crítica situación en territorio libio continúa en un espiral de violencia y caos que parece no tener fin.

¿Quién gobierna en Libia?

Esta pregunta podría tener varias respuestas. Libia hoy es gobernada por la administración del primer ministro Abdulá Al Thinni, aunque el gabinete se encuentra asentado en la ciudad de Tobruk (a 1.500 kilómetros al este de la capital), desde donde intenta controlar (sin mucha eficacia) la crisis que vive el país. El gobierno de Al Thinni, que fue elegido por la Cámara de Representantes, tiene el reconocimiento de la ONU y de varios países.

Mientras tanto, en Trípoli, capital del país, el control lo mantiene un grupo de milicias islamistas. En la ciudad funciona la Asamblea General Nacional, que también eligió a su primer ministro, Omar Al Hassi. Las milicias que tomaron Trípoli provienen de la localidad de Misrata, uno de los principales puntos desde donde surgieron los grupos armados, apoyados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que derrocaron al líder libio Muammar Al Gaddafi y dejaron cientos de miles de civiles muertos en los ocho meses que duraron los bombardeos de la alianza atlántica en 2011.

A su vez, en la segunda ciudad en importancia del país, Bengasi, el gobierno de Al Hassi debe lidiar con el ex general pro estadounidense Jalifa Hafta que, luego de un fracasado golpe de Estado, levanta las banderas de la lucha contra las facciones islamistas. Bengasi, en el cual se haya el principal puerto libio, es un botín preciado por su riqueza tanto comercial como de recursos naturales.

A esto se suma el poder desplegado por otras milicias islamistas que operan en localidades como Zintan o Sirte, y el poder real que todavía ostentan las principales tribus del país (en total existen 140), como el caso de  Warfallah, integrada por alrededor de un millón de miembros.

Cada uno de estos polos de poder cuentan con dos elementos fundamentales: armamentos y apoyo exterior, tanto de las monarquías del Golfo Pérsico, Egipto y las potencias occidentales.

División y más división

Si algún ingrediente faltaba al desgobierno que reina en Libia, el Tribunal Supremo de Justicia de Trípoli lo agregó sin demasiadas vacilaciones. La semana pasada, el organismo declaró inconstitucionales las sesiones que celebró el Parlamento confinado en Tobruk. El dictamen del Tribunal estipula la disolución de ese poder legislativo así como la invalidación de las decisiones que ha tomado hasta el momento.

Pero como si fuera poco, este jueves se conoció un mensaje emitido por el jerarca máximo del Estado Islámico (EI), Abu Bakr Al Baghdadi que, según agencia de noticias internacionales, anunció que el Califato que encabeza se extenderá desde Siria e Irak a Arabia Saudita, Yemen, Egipto, Libia y Argelia.

Aunque la veracidad de este anuncio es cuestionada, no parece extraño que las garras del EI lleguen a Libia, básicamente porque centenares de mercenarios que combaten en sus filas fueron entrenados en ese territorio. La existencia en Libia de grupos islámicos vinculados a Al Qaeda o que profesan el Islam más ortodoxo y conservador no es una noticia nueva. El propio Gaddafi, comenzada la crisis en su país, denunció que Al Qaeda operaba en territorio libio. Estados Unidos, autodenominado el “cazador número uno de terroristas en el mundo”, no hizo nada. Es más, las bombas y misiles de Washington apuntaron contra el gobierno libio, que en apenas ocho meses fue derrocado, además de ser diezmada la población.

Atentados y cinismo

En lo que va de esta semana, el escenario libio profundizó su situación de violencia. Algunos hechos ocurridos en los últimos días demuestran el caos que atraviesa la nación:

-Dos atentados ocurrieron ayer frente a las embajadas de Emiratos Árabes Unidos y Egipto, ubicadas en Trípoli.

-El miércoles, al menos ocho personas murieron y 26 resultaron heridas en diferentes ciudades del este del país, controladas por el gobierno de Tobruk.

-El martes, autoridades libias hallaron decapitados en la localidad de Derna a los activistas Siraj Ghatish, Mohamed Battu y Mohamed Al Mesmari. Los tres jóvenes difundían por las redes sociales lo que sucedía en su ciudad. Desde 2012, Derna es disputada por tres grandes milicias islámicas: el Consejo de la Shura, los Mártires de la Brigada Abuslim y una rama local de Ansar Al Sharia.

-El domingo, un triple atentado fue ejecutado en la ciudad de Shahat, al este del país, mientras se desarrollaba una reunión entre el primer ministro Al Thini y el enviado especial de la ONU para Libia, Bernardino León. La Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) aseguró que el atentado “no afectará” a sus trabajos.

La profunda división del país quedó en evidencia el pasado 7 de noviembre, cuando el grupo irregular encabezado por Ibrahim Jathram, declaró que si el Parlamento en Trípoli es respaldado a nivel internacional “nos veremos obligados a declarar la independencia del este de Libia”.

Aunque la injerencia extranjera en Libia fue comprobada y se convirtió en la punta de lanza para derrocar al gobierno de Gaddafi, las administraciones implicadas en el financiamiento y entrenamiento de mercenarios y grupos armados ilegales se pronunciaron sobre la situación del país. España, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Malta y Reino Unido emitieron un comunicado conjunto en el cual se declaran “profundamente preocupados” por la “polarización política” en la nación africana. Los gobiernos de esos países se comprometieron a “ayudar a los libios en este momento difícil” y señalaron que los “desafíos” actuales “requieren soluciones políticas”.

El cinismo, por lo visto, sigue rigiendo la política exterior de Estados Unidos y de sus aliados europeos.

(Publicado el 14 de noviembre de 2014 en los portales Marcha y Resumen Latinoamericano)

“La lucha seguirá aunque quedemos cinco palestinos”


"Las dos rayas en la bandera de Israel, una arriba y otra abajo, representan los ríos Nilo en Egipto y Éufrates en Irak, y esa región entre los dos ríos están buscando conquistar. Esto es bien peligroso para la paz mundial", afirma Hani Remawi, embajador de Palestina en Ecuador. Porque para el diplomático (desde hace seis meses en funciones en el país) el objetivo de Tel Aviv no finaliza con la anexión del territorio palestino, sino que la expansión del Estado, justificada con la ideología sionista –nacida de un mito bíblico-, se amplía de forma concreta.

Luego de brindar una charla en la Feria Internacional del Libro en Quito, Remawi dialogó con Marcha y con Resumen Latinoamericano sobre diferentes temas y problemáticas que vive el pueblo palestino. La principal, y que todavía no encuentra resolución real, es la situación en la Franja de Gaza, región arrasada por Israel con su última invasión militar a mediados de 2014, que dejó como saldo 2.143 palestinos muertos y más de 11 mil heridos. Aunque la comunidad internacional condenó ese ataque, Israel bombardeó Gaza durante un mes y 18 días, propiciando la destrucción total de la infraestructura de la zona.

"Hasta ahora no ha comenzado la reconstrucción de Gaza porque Israel no pone fin a la guerra, porque no acepta el cese del fuego –explica Remawi−. Israel está haciendo esto a propósito para ver morir al pueblo palestino, para que muera de frío o por las lluvias que ahora están cayendo".

Según datos oficiales, los donantes internacionales han prometido 5,4 mil millones de dólares para la reconstrucción de Gaza. Se estima que al menos el 45% de la ayuda alimentará la economía israelí, porque empresas como Nesher, ReadyMIx o Hanson Israel se encargarán de vender materiales y proporcionar la logística.

Para el embajador palestino en Ecuador, una de las esperanzas está puesta en que "el gobierno de Egipto presione a Israel para que mande a su delegado a El Cairo" y acepte el inicio de la reconstrucción.

Pero en Gaza todavía siguen estallando los disparos israelíes. El domingo 23 de noviembre, las fuerzas de seguridad hebreas asesinaron a Fadel Mohammed Halawa, campesino palestino de 32 años que se encontraba al este del campo de refugiados de Jabalya, cercano a la frontera con la Franja de Gaza. De esta forma, Tel Aviv rompió nuevamente la tregua y el cese el fuego acordado con el Movimiento de Resistencia Islámica Hamás, que gobierna en Gaza.

Sobre este hecho, Remawi fue claro al aseverar que "por parte del Ejército israelí no hay un cese el fuego y eso no va a terminar hasta que se finalice con la ocupación de Palestina". El diplomático agregó que "Israel no tiene bandera y no tiene respeto antes cualquier tregua. No es la primera vez que lo hace y mata palestinos. Pero esperamos que Naciones Unidas y los países se unan para poner fin a esta ocupación".

Sumado a esta denuncia, el diplomático remarcó que "Israel invadió Gaza para que no se logre el gobierno de unidad palestino y no haya unidad entre todos los partidos políticos, más allá de Al Fatah y Hamás. El gobierno de unidad ya está formado, solo falta llevarlo a la práctica". Esto implica llamar a elecciones, uno de los puntos que más preocupan a Israel por la posibilidad real de que Hamás triunfe, como sucedió en los comicios de 2006.

Entre los actos represivos permanentes de Israel contra los palestinos y las palestinas, Remawi recordó los recientes ataques en Jerusalén Este, que tuvieron como principal objetivo la mezquita Al Aqsa, hecho que tuvo como respuesta el repudio internacional hacia Tel Aviv. "Al atacar mezquitas e iglesias en Jerusalén, Israel tiene un solo objetivo: destruir y liquidar todo para construir el templo de Salomón, pero en realidad nada le pertenece a Israel en Jerusalén Este porque es la parte palestina –explicó el diplomático−. Las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad votó muchas resoluciones a favor de Palestina y denunciando que Jerusalén Oriental está ocupado e Israel tiene que retirarse".

Por último, Remawi destacó que en su tierra "la lucha sigue aunque quedemos cinco palestinos". Y aseguró: "Para nosotros no hay paso atrás porque vamos a seguir adelante hasta recuperar Palestina. No existe un solo palestino que va a dejar que se lleven su tierra. No existe un pueblo en el mundo que se quede bajo ocupación y nosotros tampoco vamos a permitir eso".

(Publicado el 4 de diciembre de 2014 en los portales Marcha y Resumen Latinoamericano)

jueves, 24 de julio de 2014

La historia de Hamás: Islam y resistencia frente a Israel


El pueblo palestino se encontraba masivamente en las calles. El año 1987 proseguía con la misma tónica, en la cual Israel avanzaba a sangre y fuego sobre sus territorios y los intentos de acuerdos de paz caían, una y otra vez, por la borda.

Pero ante una historia que parecía no tener salida, la denominada Intifada palestina mostró al mundo la opresión de un pueblo que había sido despojado de todos sus derechos, hasta el punto de no tener ni siquiera un mínimo Estado. Y en ese 1987 nacería una organización que marcaría a la resistencia palestina. El Movimiento de Resistencia Islámica Hamás acumulaba poder desde mezquitas y las palabras desprendidas del Corán.

Cuando las Fuerzas Armadas israelíes ahora atacan la Franja de Gaza, Hamás se ha transformado, nuevamente, en el grupo que encabeza la resistencia. Hasta el momento, el Ejército hebreo ha asesinado a más de 600 palestinos y palestinas, entre los que se encuentran 120 niños. En Gaza, los destrozos y calamidades se acumulan: la mitad de la población (unas 900 mil personas) se encuentra sin agua potable, 14 instalaciones médicas fueron dañadas, 500 viviendas destruidas y la ONU asegura que 100 mil palestinos se sumaron a las filas de desplazados.


Nace el Despertar

La aparición de Hamás (Despertar) estuvo rodeada de sombras y conjeturas. Es una organización vinculada a los Hermanos Musulmanes (HM), agrupación religiosa creada en 1929 y que se basa su política en la asistencia social. Los HM fueron prohibidos en varios países, como Egipto e Irán, ya que se los apuntó como una fachada de Estados Unidos y la CIA para detener a los movimientos nacionalistas árabes, siendo el principal el encabezado por Gamal Abdel Nasser en Egipto en la década del ´70, o la creciente influencia de la Revolución Islámica iraní a partir de 1979.

Con la denominada “Primavera Árabe”, los HM volvieron a la luz pública: en Túnez y Egipto llegaron al poder. En el caso egipcio, Mohamed Mursi fue electo presidente pero pudo gobernar apenas un año, ya que un golpe de Estado encabezado por militares lo derrocó. En ese año de gobierno, las medidas tomadas por Mursi generaron polémicas y masivas protestas en su contra por parte de diferentes sectores. Tanto un acuerdo millonario con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la reforma de la Constitución egipcia que, según sus opositores, tendía a islamizar las leyes se convirtieron en algunos detonantes para su caída.

La trayectoria política de los HM ha sido cuestionada en varias oportunidades, desde su intento de aplicar un islam político que sea funcional a los intereses de Estados Unidos y sus aliados, así como su posición ante los actuales conflictos en Medio Oriente. Un ejemplo de esto es lo que ocurre en Siria. Desde que hace más de tres años, ese país es blanco de una sostenida guerra de agresión, encabezada por grupos vinculados a Al Qaeda y por mercenarios de diferentes nacionalidades financiados desde el exterior, Hamás ha mantenido un profundo silencio, algo extraño ya que Siria es una de las naciones árabes que defiende la causa palestina y ha condenado históricamente el accionar represivo de Israel.

Algunos autores indican que Hamás fue impulsado por el propio Israel y Estados Unidos, con el objetivo de detener al nacionalismo palestino, encabezado por Yaser Arafat y su histórico partido, Al Fatah. Pero a su vez, el nacimiento de Hamás se puede buscar en el cambio político que aplicó Arafat y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ante la ocupación israelí.

La resistencia armada que había llevado a la OLP a ser reconocida tanto por palestinos como a nivel internacional, había dado paso a las cada vez mayores gestiones diplomática con Tel Aviv para, según la dirección palestina, encontrar un acuerdo de paz y volver a las fronteras del año 1967, dictaminadas por la ONU y que Israel nunca respetó. La influencia de la Revolución Islámica iraní y los crecientes casos de corrupción entre los dirigentes de Al Fatah -cada vez más desacreditados frente a los palestinos-, también se convirtieron en razones para el nacimiento de del movimiento islámico.

Hamás basó su trabajo político en la creación de escuelas y hospitales, en la atención sanitaria en los campos de refugiados, y en la difusión del estudio del islam. A esto se debe sumar que la agrupación tuvo la capacidad para mantener el poder en la Franja de Gaza, a pesar del férreo bloqueo económico impuesto por Israel a esa región de 360 kilómetros cuadrados y en la que viven más de un millón y medio de palestinos. De esta forma, se posicionó como un grupo armado que desde el propio suelo palestino rechazaba la ocupación de Israel y que no se quedaba en las palabras. Por la poca información que circula sobre el tema, Hamás tendría en su programa económico una definición por el capitalismo con una fuerte intervención estatal, que no difiere de lo aplicado en Irán o en países árabes como Siria o Líbano.

Aunque sea probable que un principio haya sido impulsado por quienes hoy lo enfrentan, Hamás demostró una gran capacidad de combate contra el Ejército israelí. Por estos días, cuando la Operación Margen Protector arrasa Gaza, Hamás asombró por el crecimiento de su capacidad militar. Desde que comenzaron los operativos terrestres israelíes, los milicianos islámicos han abatido entre 20 y 40 soldados hebreos, según las fuentes que se citen. Además, lograron cruzar la línea de combate y se infiltraron en las filas militares israelíes. Como si fuera poco, el 14 de julio pasado se conoció la noticia de que Hamás cuenta con drones (aviones no tripulados) que sobrevolaron el sur de Israel, según lo anunciaron las Brigadas Azedin Al Qassam, el brazo armado del movimiento islamista.


Elecciones y posturas

Desde su creación en 1987, Hamás había rechazado participar en las elecciones que definen quien dirige a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), entidad que controla los temas palestinos, ya que no existe un Estado palestino como tal.

En el 2006, el movimiento decidió presentarse en los comicios legislativos, y para sorpresa de muchos, triunfó. De esta manera, la presidencia de la ANP quedaba en manos de Mahmud Abbas, máximo dirigente de Al Fatah, y como primer ministro fue designado Ismail Haniyeh por parte de Hamás. Conocidos los resultados electorales, Estados Unidos, la Unión Europea (UE) e Israel desconocieron los comicios. Desde hacía tiempo, y pese a su profundo trabajo político y social, Hamás era catalogado por el amplio y difuso término de “terrorista”. En su libro El conflicto palestino-israelí. 100 preguntas y respuestas, el periodista Pedro Brieger recordó que las elecciones palestinas de 2006 “fueron calificadas como las más democráticas en el mundo árabe, una región muy acostumbrada a procesos electorales digitados por el poder de turno”.

Con la anuencia de Al Fatah, y luego de una campaña internacional en su contra y enfrentamientos armados entre ambas agrupaciones palestinas, Hamás se trasladó a la Franja de Gaza, donde estableció su gobierno, todavía a cargo de Haniyeh. Con el tiempo, el movimiento islámico supo tejer alianzas importantes, basadas en su política de rechazo a la ocupación. En estas horas de invasión, Hezbollá en Líbano y el gobierno iraní respaldan a Hamás, tanto en lo discursivo como en la entrega de armas. Este hecho también muestra lo cambiante del tablero político en Medio Oriente, teniendo en cuenta que a Hezbollá y Teherán respaldan al gobierno del presidente sirio Bashar Al Assad, al cual los Hermanos Musulmanes rechazan y colaboran para su caída.

Una de las más fuertes polémicas generadas por Hamás es su radicalidad ideológica. En un principio, el llamado a la destrucción del Estado Israel llevó a que la agrupación fuera catalogada como terrorista y repudiada por grandes sectores. Declaraciones como “el asesinato de civiles debe ser respondido con la muerte de civiles”, manifestada por Mamad Az Zahhar, líder del movimiento, fueron virando hacia posiciones más pragmáticas y de cierto reconocimiento a una negociación para acordar la retirada de las tropas israelís y retomar las fronteras delimitadas en 1967.

En 2001, Ahmed Yassin, dirigente máximo de Hamás asesinado por Israel en 2004, declaró que “no luchamos contra pueblos de otras religiones o los judíos por el hecho de ser judíos. Luchamos contra los que ocupamos nuestras tierras, tomaron nuestras propiedades, convirtieron en refugiados a nuestras familias y masacraron a nuestros niños y mujeres”. En la actualidad, Hamás buscan el establecimiento de un Estado palestino libre e independiente, y una muestra de su evolución política es la alianza lograda con Al Fatah que permitió un gobierno de unidad meses atrás.


Este acuerdo, que se obtuvo luego de zanjar profundas diferencias, es una de las razones principales de la actual invasión militar israelí contra Gaza.

(Publicado el 23 de julio de 2014 en www.marcha.org.ar)

martes, 8 de julio de 2014

Buscando excusas para arrasar Palestina


Esta vez fueron las muertes de tres adolescentes. Aunque todavía no se conoce con claridad la responsabilidad en el asesinato de los jóvenes israelíes, el gobierno de Tel Aviv nuevamente tomó una decisión conocida: el recrudecimiento de los ataques militares a Palestina, principalmente contra la población de la Franja de Gaza, sumado al arresto masivo de persona.

El pasado lunes 6 de julio, el Ejército israelí encontró los cadáveres de los estudiantes Naftali Frenkel (16), Gilad Shaer (16) y Eyal Yifraj (19), secuestrados y asesinados el 12 de junio. Automáticamente, el primer ministro de Tel Aviv, Benjamin Netanyahu, declaró que el Movimiento de Resistencia Islámica Hamás “es el responsable y Hamás pagará el asesinato de los niños”.

Hamás, que recientemente acordó una administración de unidad con la organización Al Fatah que dirige la Autoridad Palestina (ANP), gobierna desde el 2006 la Franja de Gaza, territorio de apenas 360 kilómetros cuadrado en el cual habitan más de un millón y medio de palestinos. En esa porción de tierra, los pobladores son asediados de manera sistemática por las tropas israelíes y víctimas de operativos de gran escala, como fue “Plomo Fundido” en 2008-2009, que dejó como saldo más de 1.300 palestinos muertos.

Luego de anunciarse la aparición de los cadáveres en un descampado entre la localidad de Jaljul y la ciudad de Hebrón en Cisjordania, Hamás negó su responsabilidad en el hecho. A su vez, el gobierno israelí acusó como sospechosos a Marwan al Qawasme y Amer Abu Eisha, dos ex presos palestinos. Al conocerse esta noticia, sus familiares expresaron que Israel inventó la versión y así tener una excusa para justificar un nuevo ataque contra Palestina.

Hasta ahora, las autoridades hebreas no han podido ubicar a los supuestos sospechosos y tampoco presentaron pruebas concretas sobre sus responsabilidades en los asesinatos.

¿Quién pone los muertos?

La desaparición de los jóvenes desató los ataques israelíes contra territorio palestino. La agencia Prensa Latina afirmó que en la represión israelí contra la población civil en Cisjordania y Jerusalén dejó nueve personas muertas y decena de heridos, mientras que en la Franja de Gaza fueron asesinadas otras 14 personas, “nueve de ellos durante un bombardeo al amanecer”.

A su vez, las fuerzas de seguridad de Tel Aviv realizaron feroces arrestos. El jueves pasado, la cancillería palestina indicó que desde el 12 de junio pasado 640 palestinos fueron encarcelados, de los cuales once son diputados y 241 menores de edad. Por su parte, Hamás aseguró que el número de detenidos se eleva a ochocientos.

La difusión de los arrestos cometidos por las fuerzas israelíes se conoce al mismo tiempo que un informe efectuado por el Euro-Mid Observer for Human Rights, que reveló que desde 2010 Israel ha detenido a casi tres mil niños y niñas palestinas, entre los 12 y 15 años, que fueron sometidos a torturas físicas y un 25% de ellos juzgados en tribunales militares. De esta manera, Israel viola la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por Tel Aviv en 1991.

EIBM o la excusa del imperialismo

La semana pasada, cuando el gobierno israelí ya había encontrado la excusa para arremeter contra la Franja de Gaza, las agencias de noticias internacionales informaron que un grupo denominado Seguidores del Estado Islámico en Bayt Al Maqdis (EIBM) asumió la autoría del hecho. Esta organización, de la que no se tienen antecedentes, se pronunció aliada del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), grupo terrorista que opera en suelo sirio e iraquí, y poco tiene que ver con las principales organizaciones políticas palestinas, Al Fatah y Hamás. Sobre estos dos grupos, el EIBM manifestó que son “organizaciones humilladas” que han “vendido la religión en beneficio de la política”. EL EIIL es responsable del asesinato se cientos de personas en Siria y profesan una rama del islam ortodoxo, además de ser apuntado como un grupo financiado por Estados Unidos, las monarquías del Golfo Pérsico y Turquía, con el objetivo de generar desestabilización y buscar una mayor injerencia de la Casa Blanca en la región.

La venganza

Luego del asesinato de los jóvenes judíos, Mohamed Abu Khdeir, palestino de 16 años, fue secuestrado, torturado, quemado vivo y asesinado la semana pasada. El diario israelí Haaretz señaló que seis personas fueron detenidas por el hecho, de los cuales tres confesaron estar implicados en el crimen. Todos los arrestados son extremistas judíos.

Aunque Netanyahu se comunicó con los familiares de la víctima y les expresó que “impacto” que le produjo el “crimen atroz”, es conocido que el Estado de Israel impulsa la anexión de tierras palestinas a través de colonos judíos, en su mayoría extremistas. Esta metodología, denunciada y rechazada en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), permite que los colonos ingresen en las casas de los pobladores palestinos y los expulsen con violencia. Pese a los pedidos de la ONU para que Israel detenga este mecanismo, Tel Aviv continúa impulsando la construcción de viviendas en tierras palestinas.

En declaraciones a la prensa, la madre de Mohamed Abu Khdeir fue contundente con sus palabras: “No tengo paz en mi corazón. Aunque han apresado a quienes dicen que han matado a mi hijo, sólo van a responder unas preguntas y luego los pondrán en libertad. ¿Para qué? Que los traten igual que nos tratan a nosotros. Que derriben sus hogares y los detengan igual que hacen con nuestros hijos”.

Fricción en Tel Aviv

Si bien Netanyahu ordenó los ataques contra Palestina, en el gobierno de Tel Aviv se observan diferencias que llevaron al actual canciller y miembro del partido Israel Beiteinu, Avigdor Lieberman, anunció que su organización ha roto la alianza con Likud, el partido gobernante. Igualmente, Lieberman seguirá en su puesto ministerial, aunque declaró a la agencia AFP que “no es ningún secreto que hay desacuerdos fundamentales que ya no permitan el trabajo conjunto. Nos separaremos y haremos una facción separada”.

Por supuesto, la diferencia entre ambas organizaciones no tiene que ver con la cacería desatada contra los palestinos, sino con la negativa de Netanyahu de efectuar una operación militar de gran escala contra la Franja de Gaza. Para Lieberman, se debería lanzar una incursión por tierra y aire, similar a la “Operación Escudo Defensivo” cuando en 2002 Israel atacó militarmente Cisjordania.

La misma historia

En 1974, el periodista Rodolfo Walsh escribió una serie de crónicas sobre Palestina, publicadas en el diario La Opinión. Luego de viajar a Líbano y a los territorios palestinos ocupados, Walsh remarcaba que Israel sostiene “un perpetuo estado de ‘represalia’” contra los palestinos y mantiene una “propaganda que empieza a volverse torpe describe cada acción de sus fuerzas como respuesta a un acto de terrorismo”. Y agregaba: “el palestino despojado de su patria se ha convertido en agresor, la víctima en verdugo”.
Esta situación relatada por Walsh no ha cambiado; todavía más, se ha profundizado e Israel siempre tiene una excusa bajo su manga para continuar con su permanente invasión en suelo palestino. Los hechos, irrefutablemente, lo demuestran.

(Publicado el 8 de julio de 2014 en www.marcha.org.ar)

lunes, 7 de julio de 2014

Carlos Aznárez: “Huir de la imparcialidad que plantea el sistema”


Periodista que cruzó (y todavía cruza) las fronteras que sean necesarias para obtener información, Carlos Aznárez conjuga el oficio de la prensa y una militancia política de larga trayectoria. Militante de la organización político-militar Montoneros en la década del ´70, tuvo el privilegio de compartir el mismo puesto de combate con Rodolfo Walsh y un grupo de militantes que le dieron forma a la célebre Ancla, la agencia de noticias clandestina que durante el primer año de la dictadura militar (1976-1983) denunció el terrorismo de Estado en Argentina.

Periodista de patear calles y zonas en conflicto, Aznárez transitó la redacción de los diarios argentinos Noticias, La Razón, Página/12 y Sur, y de las revistas Crisis y Fin de Siglo. También es autor de los libros Tupamaros, Lorenzo Miguel. El padrino de la mafia sindical, 500 años después: ¿descubrimiento o genocidio?, Los sueños de Bolívar en la Venezuela de hoy y Rebeldes sin tierra: historia del MST de Brasil. Además, hace más de veinte años dirige Resumen Latinoamericano (www.resumenlatinoamericano.org), colectivo que publica un periódico en Argentina, Cuba, Uruguay, Venezuela y Europa, y semanalmente produce un programa de radio y otro de televisión.

En esta entrevista con Marcha, Aznárez habló sobre el rol del periodista especializado en temas internacionales, pero además demanda que los trabajadores de la prensa tengan un compromiso para el cambio social en el continente. A su vez, analiza el funcionamiento de los grandes medios de comunicación y sus implicancias en la realidad cotidiana.

-En el actual siglo veintiuno globalizado y conflictivo, ¿qué rol cumple un periodista que trata temas internacionales?

-Un periodista que se tome en serio los temas internacionales tiene mucho hilo para cortar en la actual coyuntura. Cada vez más los localismos, incluso los regionalismos, están siendo superados por enfoques macro, y eso permite generar cuadros de situación más estratégicos. Sólo con lo que ocurre en Latinoamérica, a partir de los cambios sucedidos en la última década, podemos establecer comparaciones, armar mapas radicalmente distintos a los antes utilizados; poner, como suele decir Eduardo Galeano, el norte en el sur y viceversa. A partir de allí, cada victoria o retroceso de los movimientos sociales y populares, enfrentando al imperialismo, ilumina, desde el punto de vista informativo, la posibilidad de bucear en el discurso de los nuevos neocolonizadores, y descubrir hasta dónde quieren llegar. Y cuánto se necesita poner en juego para que no lo logren.

Los periodistas no estamos exentos de esta ofensiva, y es por eso que cada vez más se impone huir del escenario de la maldita imparcialidad que nos plantea el sistema, y sumarnos con todo a la lucha de los que se rebelan contra el orden establecido.

-¿Con el paso del tiempo, la cobertura internacional fue cambiando para abordar los temas?

-Han ocurrido algunos cambios pero hay escenarios que se repiten. No parece muy diferente la cobertura que se podía hacer en los ‘70, con la URSS de pie, y la guerra fría generando todo tipo de situaciones y conflictos, a lo que hoy ocurre en Siria e Irak, Ucrania o en la propia Venezuela. En el siglo pasado, el cuadro más realista pasaba por saber que quién apretaba primero el botón de la guerra nuclear tendría sólo segundos más que su contendiente para disfrutar de la vida. Esa dramática advertencia moldeaba cualquier enfoque de la política internacional. O en el período latinoamericano y tercermundista en el que Fidel y el Che, Camilo Torres y Marulanda convocaban a generar “uno, diez y cien Vietnam”, y las guerrillas se levantaban en armas en Latinoamérica, en África y Asia. Escribir sobre ello y empaparse de todo lo que esas gestas trasmitían, provocaron que muchos de nosotros fusionáramos la “profesión” con la militancia, y ésta finalmente se quedara con el todo.

Han pasado los años y, sin embargo, algo sigue siendo noticia: el imperio estadounidense ha subsistido y continúa amenazando la paz mundial. Antes invadía Bahía de Cochinos, Santo Domingo, Panamá o Granada, y ahora se abalanza sobre Sudán, Somalía, Irak, Afganistán, Libia o Siria. A su calor es que surgieron los llamados periodistas “enganchados”, que en los grandes conflictos internacionales se convierten en voceros de los ejércitos invasores de turno o en alcahuetes de los portavoces del imperio. Ahora abundan tanto que llegan a molestar, por el tufillo que generan. Pero también hay otros colegas que ponen el cuerpo para contar la realidad de esos conflictos. Son aquellos que no reciben premios ni salen en las portadas de los diarios y sin duda están haciendo historia anónimamente, reivindicando la esencia no contaminada de la profesión.

-¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en la cobertura de las noticias internacionales?

-Para un periodista que se precie, la cantidad de información que hoy circula, gracias a internet y las famosas redes sociales, multiplica por cien las posibilidades de armar un archivo de datos con total inmediatez. Lo importante es saber cómo y dónde se para frente a ese cúmulo de noticias, y además saber discernir cuánta “mercadería en mal estado” circula por las redes, y cuál es el metro-patrón que usaremos para separar la paja del trigo. Es necesario saber usar la tecnología pero no encandilarse demasiado con ella, para que no termine provocando parálisis a la hora de cubrir tal o cual información. Es verdad que se ha ganado en rapidez, pero también es cierto que en otros momentos más incómodos, el cronista estaba obligado a despegarse de su sillón y salir a campear la información allí donde se produzca. Esa posibilidad de contrastar no la cambio por nada.

-¿Pensás que los grandes medios en Argentina no le dan la importancia necesaria a los temas internacionales?

-Piensan que no hace falta, que todo es más fácil cubrirlo por internet, pero se pierde la posibilidad de presenciar in situ los conflictos, sacar conclusiones más valederas, desplegar el ingenio para llegar donde a otros no les interesa llegar. También es cierto que hay bastante de tacañería en ciertos “grandes medios” y eluden el hecho de mandar a alguno de sus escribas al país que está ardiendo por los cuatro costados. Esa tarea ahora, y antes también, parece estar reservada para esa tribu empeñosa que son los freelancers, que sabiendo que van a tener poca competencia se tiran a la pileta en los escenarios más duros.

-Estuviste en muchas partes del mundo realizando coberturas. ¿Cuál es la importancia de que el periodista se encuentre en el lugar del hecho?

-Anduve por muchos países en el momento justo como para aprender y sacar conclusiones que tenían una validez incomparable. Viajé a Irak y Palestina varias veces, al Sahara Occidental, Marruecos, Túnez, Siria, la ex URSS, Europa casi toda, y varios puntos clave de Latinoamérica. En todos esos países, lo más importante fue el contacto directo con sus gentes, con sus sueños y fracasos a la hora de pelear por sus reivindicaciones. Eso no lo cambio por nada, y mucho menos por “mirar la guerra desde lejos para salvar el pellejo”. Hay algunos corresponsales que a pesar de que van a los escenarios de conflicto, es como si no existieran, ya que se encierran en los hoteles de lujo y desde allí transmiten los que otros colegas les cuentan. Obviamente, eso no tiene nada que ver con la palabra periodismo.

-En los procesos progresistas y de izquierda en América Latina, ¿cómo ves el desempeño de los medios públicos?

-Una cosa es lo que deberían ser y otra muy distinta lo que son. Creo que todo consiste en saber de qué tipo de gobierno o de proceso político se está hablando. Si está en marcha un auténtico proceso revolucionario, cuya meta es el socialismo, seguramente habrá que poner todo el empeño en conformar medios públicos que acompañen esa patriada. Pero a pesar de ello, nunca está asegurado el triunfo. Hoy hay países que entran dentro de ese marco, como Venezuela, que han mejorado mucho sus medios, pero sobre todo han apuntado a dar oxígeno a los medios alternativos, algo que resulta indispensable en la idea de enfrentar al terrorismo mediático.

Otros procesos “progresistas” pero asentados en el capitalismo, y con poca o ninguna gana de salirse del mismo, muestran medios públicos que aún tienen muchas lagunas, que incluyen –por ejemplo a nivel televisivo- programas de pésima calidad, que no difieren casi nada de los otros canales comerciales.

La clave fundamental pasa por si desde los gobiernos hay voluntad política de cambio o sólo les interesa mantener prolija la vidriera. Si se da lo primero, los medios públicos deberán acompañar esa movida con entusiasmo. Si no lo hicieran, hay que apurarlos y diría que casi obligarlos. No se pueden perder más oportunidades, no hay tiempo, y nos jugamos mucho en cada uno de estos procesos.

Foto: Facundo Andicoechea

(Publicado el 7 de julio de 2014 en www.marcha.org.ar)

martes, 17 de junio de 2014

Soledad Rosas: Una flor anarquista


Los rasgos de su cara son duros, la comisura de los labios hacia abajo, el cabello rapado, los ojos fijos a la cámara, las ojeras de los días de dolor y rabia, y los brazos firmes, los puños cerrados, salvo por los dedos mayores, levantados y rectos, desafiantes, pese a las esposas que aprietan y lastiman sus muñecas. María Soledad Rosas es flaca y frágil, y la ropa que lleva puesta, demasiado grande, la hace más pequeña, efímera. Pero sus carceleros no la pueden contener. En la imagen, que recorrerá el mundo, su furia se observa nítida. La Sole: una adolescente disconforme de Barrio Norte, una mujer producto de la clase media argentina, una niña mimada (y ahogada) por la protección de sus padres. La Sole, díscola e insegura, ahora camina hacia lo profundo de su historia, custodiada por dos carabineros, acusada de ecoterrorismo y con un agujero en su pecho. Un agujero que tiene nombre: Baleno, el hombre al que ama con la pasión de los iniciados, pero que ya no se encuentra entre los vivos.


La vida porteña

María Soledad Rosas nació el 23 de mayo de 1974 en el seno de una familia clase media. Sus padres, Marta y Luis, siempre fueron defensores de la estabilidad y las buenas costumbres. Por eso, Soledad y su hermana Gabriela tuvieron una educación en colegios de cierta alcurnia, en los cuales el futuro se planeaba formal y correcto. Buenos padres, Marta y Luis. Tal vez, un poco absorbentes. En el árbol genealógico de la familia, Juan Manuel de Rosas, El Restaurador, aparecía como familiar lejano.
De niña, los días de Sole pasaban por la escuela, las series de televisión como la familia Ingalls y Heidi, y la práctica de tenis y natación. Esforzada y tenaz para el estudio, Soledad. Y buena compañera de sus amigas y de su hermana mayor, Gabriela.

Finalizado el colegio secundario, Soledad intentó con Psicología y Educación Física. Su búsqueda de algo que no entendía bien qué era, la llevó a romper ciertas estructuras familiares: ahora se dedicaba a pasear perros y había iniciado relaciones de amistad con algunos colegas, poco presentables para sus padres. Algunas drogas, cervezas y largas horas en las plazas prefiguraban su vida en plena década del noventa, tiempos en que el neoliberalismo arrasaba. Mientras tanto su trabajo aumentaba cada día más. A su vez, y para conformar a la familia, comenzó a cursar Administración Hotelera, en la exclusivísima Universidad de Belgrano. También empezaría una relación turbulenta con Gabriel Zoppi, donde el dolor, las peleas y las idas y venidas serían una constante. Por esos días, leería a Eduardo Galeano, algo sobre macrobiótica y tendría un acercamiento con el Grupo Autogestivo por la Liberación Animal y Humana (Gaplah), una mezcla de ecologistas con incipientes ideas libertarias. Pero no fue más que eso, un acercamiento. Soledad Rosas continuaba buscando su camino.


El viaje

Con el título de Administración Hotelera bajo el brazo, Sole viajó a Europa. Sus padres le hicieron ese regalo, buscando que deje atrás relaciones amorosas que veían por demás de complicadas. Y para que, quizás, encontrara un buen trabajo o se distanciara de su vida porteña. Era un pasaje abierto por seis meses, que con el correr de los días se transformaría en la entrada a un mundo nuevo: el de la rebeldía, las ocupaciones de casas, las acciones directas y el anarquismo.

Soledad llegó a Italia el 22 de junio de 1997, acompañada por su amiga Silvia Gramático. La idea inicial era recorrer, disfrutar, tal vez conseguir un trabajo ocasional para solventar algunos gastos. Un tiempo antes de su arribo, en el Valle de Susa se había iniciado la construcción del Tren de Alta Velocidad (TAV), que uniría la ciudad italiana de Turín con la localidad francesa de Lyon. Los pobladores de la zona rechazaron el proyecto y quienes comenzaron las movilizaciones pacíficas y actos para denunciar el negociado, fueron los anarquistas.

Cuando Sole ni siquiera sabía de la existencia del TAV, de los okupas anarquistas y mucho menos de los días por venir que la tendrían a ella como protagonista, en el Valle comenzaron a producirse una serie de atentados, reivindicados por los Lobos Grises, organización que se convertiría en la excusa perfecta para el arresto de militantes libertarios. Los Lobos Grises nunca fueron descubiertos por la policía y los servicios de inteligencia italianos, y en más de una oportunidad se denunció que esa agrupación había sido creada por las propias fuerzas de seguridad para justificar encarcelamientos y desalojos de casas tomadas.
Al llegar a Turín, Soledad y su amiga Silvia dieron con la Federación Anarquista y desde ese lugar las enviaron al Asilo, una de las principales casas tomadas en la ciudad. Cuando Sole entró al Asilo su vida daría un vuelco frenético. En una de sus tantas cartas y anotaciones realizadas en un cuaderno, escribiría: “Por casualidad el primer día que llegué al Asilo la puerta estaba abierta, no necesité tocar el timbre. Es de locos: todo un océano de distancia y llegué al lugar indicado. Pensar que el mundo es tan grande, pero hay un lugar para cada uno, y yo creo que encontré el que me corresponde”. (1)

Casi todos sus compañeros y compañeras de Italia coinciden en que Sole estaba todo el tiempo ideando actividades, despotricando contra la policía y que su discurso volaba por la senda de la radicalidad y el descontento. Sus lecturas se ampliaban: teóricos anarquistas, libros sobre la Guerra Civil española y ecologismo.


Un rayo en tu corazón

“Nos veo juntos en aquella playa, desnudos, tan juntos. Logro sentir el perfume del mar, el sonido de las olas que golpean en las piedras, el viento suave ligero, el sol caliente en nuestra cara. Agarro tu cara con mis manos y después las paso por tu espalda. Vos me agarrás fuerte, me apretás, nos besamos, somos felices, mi amor”, escribió Soledad, ya entre rejas, en una carta dirigida a Edoardo Massari, el hombre con el que compartiría algunos días, pocas semanas, un puñado de meses de amor y anarquía.

Edoardo había nacido en abril de 1963 y en 1987 ingresó al movimiento libertario de Turín. A los 28 años fue encarcelado por primera vez debido a su militancia y, luego de algunos arrestos, recuperó la libertad a finales de 1996. Dejando las rejas atrás, Edoardo se instaló en el Asilo. Al inicio de su militancia, ese hombre callado, cerrando en sí mismo, arriesgado y dulce a su manera, recibió un regalo de sus compañeros. Un sobrenombre que lo acompañaría siempre: Baleno, que en italiano significa “rayo”.

Una salida a la playa, en grupo, desencadenó el flechazo. Sole y Edoardo compartían la disciplina alimenticia que no permitía carnes, el rechazo al sistema capitalista, la necesidad de crear un mundo nuevo, y lecturas de los clásicos anarquistas. Para Soledad, Baleno era un compañero experimentado, con una historia fuerte sobre su espalda. Junto a Silvano Pelissero, otro anarquista y amigo de Edoardo, conformarían un grupo que sería el blanco de las fuerzas de seguridad italiana. Y los tres encabezarían la ocupación de una vieja construcción en Collegno, en las afueras de Turín. El edificio se convertiría en otro punto de creación, política y actividades culturales. Mientras Sole y Baleno crecían entre sus propios brazos y planeaban acciones como la colocación de una bomba con pintura en la municipalidad, el cerco se cerraba sobre ellos. Los servicios de inteligencia habían plantado un micrófono en el auto de Silvano. Las decenas de horas grabadas, sacadas de contexto, serían utilizadas para acusarlos de ecoterrorsimo y subversión, como también de ser parte de los Lobos Grises, que aparecían, atentaban y desaparecían, y en cada acción dejaban un halo de interrogantes, muchos de ellos que tenían como respuestas a los servicios de inteligencia.


La cacería

Aunque Soledad Rosas se encontraba en Buenos Aires, Edoardo Massari en la cárcel y Silvano Pelissero estaba en Ginebra cuando los Lobos Grises iniciaron sus atentados, la policía secreta italiana no dudó en apuntarlos como parte de esa organización fantasma. El 5 de marzo de 1998 los uniformados ingresaron a Collegno y se llevaron detenidos a los tres. Asociación subversiva con finalidad de terrorismo y subversión del orden democrático, eran las acusaciones formales. A esto se le sumaba que la policía aseguraba que en Collegno existía un arsenal del que todavía hoy se esperan pruebas reales. Si los imputados eran encontrados culpables, las penas oscilarían entre siete y quince años de cárcel.

Conocido el operativo, los anarquistas de Turín comenzaron acciones y marchas para reclamar la libertad de los detenidos. En los meses siguientes, las movilizaciones se multiplicarían, concentrando en Turín a anarquistas de varias ciudades y países que reclamaban la libertad de sus tres compañeros. Lentamente, Soledad se iría convirtiendo en un símbolo de resistencia y en la consecuencia de un Estado que buscaba crear enemigos para tapar sus errores y hechos de corrupción. Y para crear un enemigo y demonizarlo, los medios hicieron su parte: casi sin chequear información y titulando escandalosamente, los diarios italianos afirmaban que los presos eran una célula de los Lobos Grises.

Encarcelada Sole, en Argentina sus padres por un tiempo siguieron sin conocer la nueva realidad. Cuando la noticia llegó a sus oídos, la familia contrató un abogado que intentaría, como mínimo, que esperara el juicio en Argentina. Sole lo pensó, dudó, sintió la presión familiar, pero optó quedarse junto a sus compañeros y esperar el juicio entre rejas.

Soledad y Baleno se escribían cartas. Apasionadas, desesperadas, cargadas de ánimo las cartas. Las rejas no los podían separar. Sole oscilaba entre su carácter fuerte, la disciplina militante y contradicciones varias: saberse una referente del anarquismo, una luchadora, pero también caía en pozos de tristeza y dolor. Mientras tanto, el camino judicial transcurría lento, engorroso, cargado de irregularidades.

La noche del 29 de marzo, Baleno se suicidó en la cárcel. Lo encontraron ahorcado y, aunque en un principio se generaron algunas dudas, sus compañeros y compañeras de militancia reconocieron que había sido una decisión pensada. Baleno, dirían ellos, no iba a tolerar otra estadía en prisión. Baleno, como después lo haría Soledad, utilizaría el suicidio como un arma de denuncia.

Cuando Sole conoció la noticia, su cuerpo se estremeció. El dolor, la furia y la convicción de redoblar la lucha chocaron en su pecho. Sole le escribió a sus compañeros anarquistas: “La rabia me domina en este momento. Siempre he pensado que cada uno es responsable por sus actos, pero esta vez hay culpables y los quiero mencionar en voz alta, son aquellos que mataron a Edo: el Estado, los jueces, los abogados, la prensa, el T.A.V., la policía, las leyes, las reglas y toda la sociedad de esclavos que acepta este sistema”. Y prosiguió: “Así es como te matan día a día, despacio pero seguro para hacerte sentir más dolor. Por eso Edo ha decidido terminar abruptamente con este dolor infernal. Al menos él se permitió tener un último gesto de mínima libertad, de decidir él mismo cuándo terminar con esta tortura”.

El funeral de Baleno se convirtió en una contundente movilización en la cual se denunció al gobierno italiano y a los grandes medios de comunicación. La respuesta fue más represión.

Al poco tiempo, Soledad obtuvo el arresto domiciliario y fue trasladada a la comunidad terapéutica Bajo Los Puentes de Piamonte, en Benevagenna. Sus camaradas la visitaban, su hermana y su madre viajaron para estar a su lado. La policía llegaba casi todos los días, a cualquier hora, para controlar que la prisionera no se hubiese fugado. Soledad, comentaron quienes la visitaban, se fue apagando. Sus convicciones se mantenían férreas, aunque un halo de silencio la rodeaba. En la noche entre el 10 al 11 de julio, Soledad caminó hacia el baño y se ahorcó con una sábana. Sole no dejó una carta de despedida. Su final fue inesperado. Su suicidio fue un grito de denuncia y dolor, un grito cargado de decisión política.

(1) Las citas de testimonios y cartas fueron extraídas del libro “Amor y Anarquía. La vida urgente de Soledad Rosas. 1974-1998”, de Martín Caparrós.

(Publicado en revista Sudestada, número 126 / Marzo de 2014)

sábado, 14 de junio de 2014

Un francotirador contra el Sueño Americano


Cuando caminaba, Hunter Stockton Thompson parecía flamear como una bandera en la punta de un mástil. En ese lugar en las alturas hizo equilibrio hasta que decidió volarse la cabeza de un disparo, en febrero de 2005. Sus piernas flacas se negaban, en muchas ocasiones, a respetar las órdenes del resto del cuerpo, como queda retratado en la película Pánico y locura en Las Vegas, del director Terry Gilliam, basada en uno de los libros de Thompson, periodista estadounidense nacido en Louisville (Kentucky) en 1937 o, tal vez, en 1939.

Pantalones cortos, gorra de playa, un cigarrillo incrustado en la boquilla que bailaba en su boca, y zapatillas blancas de lona eran la vestimenta del Doctor Thompson, apodo con el que se lo conoció. O más sobrio: camisa oscura, lentes negros y la cabeza rapada, en los tiempos que encabezó su candidatura por el partido Poder Freak.

Aunque es recordado por su ingesta de drogas y alcohol, sus viajes alucinados por Estados Unidos y América Latina, su pasión por las armas de grueso calibre y los grandes Chevrolet y Cadillac, y por ser gestor de una escritura “nacida” de los permanentes cócteles de estupefacientes que lo acompañaron en sus travesías, Thompson fue mucho más que eso. El padre del “periodismo gonzo” se opuso de forma radical a la invasión de Estados Unidos a Vietnam, se convirtió en uno de los más severos críticos a las administraciones del presidente Richard Nixon, se forjó como un trabajador de la prensa que apostó en dos oportunidades por candidatos demócratas ante la avalancha republicana y guerrerista, y no dudó en criticar duramente a esos dos candidatos cuando mostraron sus flaquezas y limitaciones. Thompson fue un hombre que mostró la vida de los pobres y desplazados, de los chicanos y olvidados, pero también alguien que absorbió los vientos de su época, cuando en las décadas del 60 y 70 Estados Unidos disfrutó, aunque sea por unos instantes, de la libertad que siempre se desprende de la rebeldía.


De Puerto Rico al Gonzo

Con poco más de veinte años, Hunter viajó a Puerto Rico luego de ser despedido del Daily Record, de Nueva York. Desde ese momento, comenzaría un viaje que lo llevaría hasta el sur de América, que incluyó varios días en Buenos Aires. Thompson buscaba algo, como muchos de su generación. No solo intentaba bucear en ese “Nuevo Periodismo” que teorizaría Tom Wolfe, sino que intentaba encontrar una pulsión para su vida.

Mientras trabajaba en el diario San Juan Start, empezó la escritura de El diario del ron, novela que recién vería la luz en 1997. En ese texto, iniciático y por momentos prejuicioso, las desventuras de un periodista en la búsqueda de su ser se entrelazaban con borracheras, fiestas frenéticas en las islas del Caribe, una mujer hermosa rodeada de peligros, peleas en la calles y la cárcel. En paralelo, ya se mostraba como un desesperado escritor de correspondencia, de las cuales una parte se pueden leer en El escritor gonzo. Cartas de aprendizaje y madurez, publicado en 2012. Se calcula que en toda su vida escribió más de 22 mil cartas dirigidas a colegas, políticos, o amigos como Óscar Acosta, abogado mexicano y activista que aparecería muerto bajo un manto de sospecha. El mismo Acosta sería su compañero en la ciudad de los casinos y las luces, retratada posteriormente en el libro Miedo y asco en Las Vegas.

Como periodista trabajó en un sinfín de medios, como el National Observer, Esquire, Playboy y Rolling Stones. A su regreso y acorralado por las deudas, deambuló por Estados Unidos hasta instalarse en su rancho de Woody Creek, Colorado.

Mientras tanto, en su cabeza se armaba un libro sobre la muerte del Sueño Americano que nunca escribiría, pero cuyo tema central estuvo presente en sus artículos y demás libros publicados.

En Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga (1966), Thompson convivió durante un año con los motoqueros que surcaban las rutas de California y armó una radiografía de un sector de la sociedad norteamericana que vivía en los márgenes. Sin ideales claros, despreciando todo lo que los rodeaba, los Ángeles del Infierno se convirtieron en un símbolo satanizado por los medios de comunicación. Sus costumbres, sus viajes y ruidosos arribos a pueblos aterrados, las vidas de los principales Ángeles, la convivencia con la fama y su propia experiencia se sintetizaron en su libro más acabado y periodístico. En ese texto no escatimó reflexiones sobre la sociedad de ese entonces: “El llamado sistema de vida norteamericano empieza a parecer un dique hecho con cemento barato, con muchas más fisuras que dedos tiene la ley para taparlos. Norteamérica lleva engendrando descomposición social masiva desde que acabó la Segunda Guerra Mundial”. Y sobre qué era ese grupo de motoqueros tampoco fue gentil: “Los Ángeles, como todos los demás forajidos motoristas, son de un anticomunismo rígido. Tienen unos puntos de vista políticos que se reducen al mismo tipo de patrioterismo retrógrado del que se alimenta la John Birch Society, el Ku Klux Klan y el partido nazi norteamericano”.

El año del surgimiento del periodismo gonzo sería 1970. Thompson fue enviado por la revista Scanlan’s Monthly a cubrir el derby de Kentucky, junto al dibujante inglés Ralph Steadman. En el artículo que nació de esa cobertura se observó por primera vez la intervención desmedida y generadora de situaciones ocasionadas por el autor que, en este caso, se trasladaba totalmente ebrio y bajo los efectos de la mezcalina, y con un tarro de gas picante para amenazar a quien se interpusiera entre él y la realidad. Steadman había viajado a Estados Unidos y cuando se encontraron, lo primero que hizo Thompson fue darle una dosis de mezcalina. Para Steadman, que en esa época se consideraba “un monaguillo, decente, inocente”, las imágenes que debía retratar cambiaron totalmente. En el documental The Life and Work of Dr. Hunter S. Thompson, el dibujante recordaría que “el nacimiento del gonzo ocurrió cuando el mal salió de mí en los dibujos”. En una de sus cartas, Thompson diría que un “periodista gonzo es como un yonqui o un perro mestizo: no se conoce la forma de remediarlo”.

En 1971 aparecería la biblia del gonzo, el libro que lo llevó a traspasar todos los límites y catapultarlo a la fama. Miedo y asco en Las Vegas fue escrito de forma demencial desde el momento en que tuvo que viajar a esa ciudad, para cubrir la carrera de motos Mint 400 y una convención nacional sobre drogas y narcotráfico organizada por la policía. A partir de ahí todo se convirtió en alucinaciones lisérgicas, destrucción de autos y hoteles, paranoia permanente, pastillas, éter, cocaína, y situaciones extremas en las que convivían la decadencia, el desparpajo y un humor corrosivo. Pero también sus ojos se mantenían atentos para disparar contra la sociedad. “Salí de la escalera y entré en el casino, aún había un gran gentío apretujado alrededor de las mesas de dados –escribió-. ¿Quién es esa gente? ¡Qué fachas! ¿De dónde salían? Parecían caricaturas de vendedores de coches de segunda mano de Dallas. Pero eran reales (...) aún seguían gritando allí alrededor de aquellas mesas de dados de la ciudad del desierto a las cuatro y media de una madrugada de domingo. Aún perseguían el Sueño Americano, aquella visión del Gran Ganador surgiendo del caos final del preamanecer de un rancio casino de Las Vegas”.

Para el editor del libro de cartas de Thompson, Douglas Brinkley, “como forma pura de arte literario, el gonzo prácticamente exige que no haya corrección del texto: el reportero y su búsqueda de información son fundamentales para el artículo, que se cuenta mediante la fusión de realidad en bruto y fantasía desbocada con intención de divertir tanto al autor como al lector”. Tom Wolfe también daría el parecer sobre su amigo y las consecuencias de su oficio: “Sentir la necesidad de ser gonzo todo el tiempo debe haber sido una carga en su pobre mente. Estaba tan identificado con la vida que había descrito que le costaba no estar disfrazado, no ser el actor que se necesitaba. Hunter debe haberse sentido atrapado, atrapado en gonzo”.

En la década del 70 aparecería publicado La gran caza del tiburón, compendio de artículos donde se aprecia la evolución del periodismo “clásico” al gonzo, teniendo en el relato Mezcalito el exponente más descarnado del nuevo estilo. Además escribiría Miedo y asco en la campaña presidencial de 1972, aparecido un año después de la reelección de Nixon. Su compañero de trabajo Timothy Crouse describiría que los artículos de Hunter “eran un hibrido muy particular de reportes claros, correctos y directos y, a veces, de completa fantasía. Todo se fusionaba, y a algunos les costaba distinguir la fantasía de los demás”.
Pero la luz periodística de Thompson se veía cada vez más opacada por su vida de frenesí continuo. Su rancho en Colorado se había convertido en una mezcla de lupanar, hotel de paso para hippies y motoqueros, y punto de reunión para consumir todo tipo de drogas. A mediados de los setenta, dejaría de escribir, salvo por columnas espaciadas que aparecían en algunos diarios. Su última gran cobertura sería en Zaire, persiguiendo a uno de sus pocos héroes: Muhammad Alí, que defendió el título mundial ante George Foreman.


Los freaks al poder

El Poder Freak fue un huracán de locura que no pasó desapercibido y sin repercusiones. En noviembre de 1970, Thompson se presentó como candidato a sheriff en el poblado de Aspen, Colorado, zona de esquí por excelencia. Un año atrás, el joven abogado Joe Edwards se había postulado como alcalde del pequeño pueblo, en unas elecciones que perdió por apenas seis votos y en las cuales se logró la movilización de gente que nunca había votado, o que no tenían ningún interés en la política. “La vieja guardia estaba condenada, los liberales aterrados y el underground  había aflorado, con una brusquedad terrible, en un viaje de poder muy serio”, escribió Thompson en su artículo Poder Freak en Las Rocosas, publicado en Rolling Stones.

En un pueblo donde el dinero fluye a través del negocio inmobiliario y el turismo, el grupo de freaks que intentaba la victoria se enfrentó a una campaña sostenida para desacreditarlo ante la posibilidad real del triunfo. “Los que tenían razones para temer el programa de Edwards –recordaba Thompson- eran los parceladores, los chulos del esquí, los promotores inmobiliarios con base en la ciudad que había caído allí como una plaga de cucarachas venenosas dispuestos a comprar y vender todo el valle, quitándoselo a la gente que aún lo valoraba como un lugar bueno para vivir y no sólo como una buena inversión”.
Cuando Thompson se presentó como candidato propuso detener la construcción de supercarreteras, contener el desarrollo industrial desmedido, y golpear a la sociedad de consumo y a quienes manejaban el redituable negocio del esquí. Para mayores escándalos, los afiches de su campaña mostraban, sobre fondo negro, un puño rojo con un peyote en el medio.

Cerradas las mesas electorales, Thompson obtuvo 173 votos y su contrincante Whitmire, que tenía como meta principal perseguir a los hippies y defender el status quo de Aspen, alcanzó 204 sufragios. En medio de la campaña, el periodista aclaraba: “no somos una rareza en absoluto -no en el sentido literal-, pero las retorcidas realidades del mundo en que nos esforzamos por vivir se han combinado de tal modo que nos sentimos rarezas. Discutimos, protestamos, pedimos: pero nada cambia”. Y agregaba: “Así que ahora, mientras en el resto del país estalla una tormenta de atentados con bombas y atentados políticos, un puñado de ‘rarezas’quiere realizar un experimento, definitivo y quizá retrógrado, con la idea de forzar el cambio en las urnas... y si hay que llamar a eso Poder Freak, bueno..., pues que así sea”.


Nixon y Bush: las decepciones

La política para Thompson seguiría presente y  no dudaría en cargar sus armas contra el republicano Richard Nixon. En 1972, cuando fueron las elecciones en el país, los demócratas habían elegido a un postulante un tanto heterodoxo: George McGovern, quien aseguraba que sus primeras medidas serían retirar las tropas de Vietnam, dictar una amnistía para los desertores del servicio militar y recortar el presupuesto de defensa. Sin embargo, Nixon obtuvo la reelección y el impacto que produjo en Thompson quedó impreso en papel: “Este puede ser el año en que finalmente nos enfrentemos con nosotros mismos, finalmente dar un paso atrás y decir que realmente sólo somos una nación de 220 millones de vendedores de autos usados con todo el dinero que necesitamos para comprar armas, sin el más mínimo problema respecto a matar al resto del mundo que trata de incomodarnos”.

Thompson tuvo un acercamiento a James Carter, quien fuera presidente en 1977, pero su vida ya transitaba una cuesta abajo repleta de drogas, alcohol, orgías y un personaje –el periodista- que a él mismo le costaba manejar. El estilo gonzo, donde realidad y ficción se mezclaban en niveles nunca antes experimentados, también se había tatuado con profundidad en su piel.

En The Life and Work…, su segunda esposa Anita recuerda una nueva decepción del periodista, que en los últimos tiempos tenía como tema predilecto el suicidio. En enero de 2001, George W. Bush asumía la presidencia de Estados Unidos y la figura de Nixon se volvía otra vez una pesadilla para sus noches.


Breve lección de periodismo

¿Qué convierte a una persona en un gran periodista? Tomar algo simple, cotidiano, que se encuentra perdido en el caos de las ciudades, y transformarlo en una perfecta descripción que transmite profundidades, sentimientos y denuncias, que sitúa al lector en el medio de un artículo y entonces puede respirar su aire, saborear lo dulce y amargo de una vida, sentir a los personajes en la propia piel.

Y cuando alguien lee ese artículo, se pregunta cómo hizo el periodista para escribir algo que, tal vez, si todos estuvieran con las antenas permanentemente activadas se les habría ocurrido de forma inmediata. Pero no, para captar la esencia y rescatar el diamante hundido en la mugre, para esas cosas están los grandes periodistas; un puñado que sale a la luz cada tanto, humildes, comprometidos con sus pensamientos, sedientos de verdad, un poco dementes, otro poco paranoicos, disciplinados a su manera, conscientes de que sus vidas no tienen ni mañanas ni noches.

¿Un ejemplo? Estos dos párrafos de Fame Is a One-Way Ticket, escrito por Thompson en 1956 y que retrataban al boxeador Joe Louis, conocido como El Bombardero de Detroit, campeón mundial de peso pesado 1936-1949: “La historia de Joe Louis no es nueva; es la historia de la estrella que vive más que su luz; el temible meteorito que no se ha desintegrado en mitad del aire, en el punto culminante de su trayectoria, sino que ha caído a plomo sobre la misma tierra poblada de millones que, momentos antes, habían observado su belleza boquiabiertos (…) Al mundo le gusta mirar a sus estrellas situadas en lo alto. El meteorito que cae de los cielos no sólo está apagado cuando toca tierra, sino que abre su propia tumba con su impacto. Así como la multitud mira con curiosidad el meteorito caído y luego se dispersa, la masa que rodea a Joe Luis se está reduciendo. Él sigue en pie, dolorosamente desconcertado en un mundo que jamás se tomó la molestia de comprender. La ovación de la entusiasmada multitud se ha convertido en el susurro de la minoría de curiosos. El fin es inevitable”.

Ahogado en una sociedad que siempre despreció y denunció, pero con la cual tuvo que negociar, los artículos y libros de Thompson no sólo quedan como lecciones del oficio periodístico. Hunter, como ese puñado de escritores de la generación beat, como Charles Bukowski o Norman Mailer, abordaron Estados Unidos desde “lo otro”: lo invisibilizado por los grandes medios y el poder que los financia. Se podría apuntar que el desenfreno lisérgico de Thompson y su obra visceral y precisa, es otra válvula de escape que el propio sistema norteamericano permite. Es verdad, pero tampoco se debe descartar al padre del periodismo gonzo que, si bien tuvo una historia similar a la de Joe Louis -siendo “la estrella que vive más que su luz”-, dejó al descubierto una sociedad agonizante y paranoica, inundada de ese “miedo y asco” con el que Thompson chocó en Las Vegas.


(Publicado en la revista Sudestada Nº 128, mayo 2014 – www.revistasudestada.com.ar)