jueves, 15 de diciembre de 2011

En el bar de Lucas



En el bar de Lucas el tiempo se mueve lento. Hay carcajadas, amigos, algunas mujeres bonitas; también hay imágenes: un afiche que reclama la independencia del País Vasco; la figura de Pugliese bendiciendo el lugar; una foto de Jack Kerouac en blanco y negro. Kerouac es joven, las facciones angulosas, las piel suave y limpia; la cara seria y su mirada un poco perdida en cualquier lugar.

Podemos pasar las noches en ese bar, hablar, discutir, entristecernos. A nuestro lado termina una reunión política, alguien pide una cerveza, otros caminan hacia la esquina de la cuadra a fumar y los demás seguimos en un sopor dulce y profundo.

Cuando la noche acompaña, la vereda es el territorio: mesas, sillas y nosotros. Rafa habla de cine, Fer discute sus canciones, Martín regala una melodía con su trompeta antes de irse.

Y cuando las persianas bajan, adelante queda más noche para nosotros.

(Pergamino, 28 de octubre, 2011)

viernes, 9 de diciembre de 2011

Pablo de la Torriente: cronista en tierra española




(Artículo de la periodista Martha Andrés Román y publicado el viernes 9 de diciembre por Prensa Latina, sobre Pablo de la Torriente Brau, cronista latinoamericano y combatiente revolucionario)

Pablo de la Torriente Brau ocupa un lugar destacado en la historia y la cultura cubanas, debido a su labor revolucionaria y sus aportes a la literatura y el periodismo.

Nacido el 12 de diciembre de 1901 en Puerto Rico y trasladado desde pequeño a la mayor de las Antillas, su vida estuvo signada por el compromiso militante y el profundo análisis de la realidad, que lo convirtieron en un valioso cronista de su tiempo.

Como consecuencia de su oposición a la tiranía de Gerardo Machado (1925-1933) debió exiliarse en Estados Unidos, y desde ese país viajó a España para participar en la guerra civil del lado republicano, contra el ejército de Francisco Franco.

De la incursión en el conflicto ibérico nacieron numerosas crónicas que delinean de manera minuciosa y atractiva las diferentes aristas de una contienda en la que perdieron la vida más de 500 mil personas.

En Nueva York, antes de partir, escribió: “He tenido una idea maravillosa, me voy a España, a la revolución española. (...) la idea hizo explosión en mi cerebro, y desde entonces está incendiando el gran bosque de mi imaginación”.


Pablo llegó a la península en septiembre de 1936, cuando aún no habían sido creadas las Brigadas Internacionales, y ocupó el cargo de comisario de la primera tropa de choque del ejército republicano.

Durante tres meses, hasta su muerte el 19 de diciembre, alternó las labores de soldado con las de corresponsal de guerra y redactó decenas de cartas y crónicas que aparecieron reunidas en el volumen Peleando con los milicianos (1938).

Según apuntó el intelectual cubano Juan Marinello, aunque otros reporteros de la época sentían un asombro estremecedor ante los sucesos, los trabajos de Pablo develaron una gran familiaridad con el entorno, carentes de la mirada sorprendida del corresponsal foráneo.

La primera de las 14 crónicas escritas en territorio español, titulada !Des avions pour l' Espagne!, recreó el ambiente de respaldo popular hacia la República agredida que Pablo encontró a su paso por Bruselas y París.

Las manifestaciones son extraordinariamente múltiples, y a cada ocasión notable, se desbordan los sentimientos. No es un mitin, sino cien”, expresó sobre la efervescencia del momento.


En sus escritos se produjo una evolución que le permitió romper con cánones genéricos y aventurarse en relatos donde se imbricaron la crónica con la entrevista, el reportaje y el testimonio, muestra de un estilo transgresor y vívido.

Estudiosos de su obra han destacado la sensibilidad peculiar que las caracteriza, marcada por la admiración hacia España y su gente, aspecto que incide en la representación realista de los ambientes, paisajes y costumbres, para dar vida al relato y sus personajes.

Esos rasgos se combinan con un ritmo impetuoso y dinámico, a través del cual el autor describe y corre junto a los acontecimientos, como muestra de su condición de actor y no de simple espectador ante un contexto que exige militancia y talento.

Cuatro camaradas del enemigo, una de las crónicas de la guerra, refleja la incorporación de desertores franquistas al ejército republicano en Buitrago, a través de un lenguaje coloquial y marcado por expresiones onomatopéyicas.

Estábamos en la guarnición en Logroño y fuimos acuartelados. A nosotros nos dijeron en un principio que se había dado un golpe contra la República y que teníamos que disponernos a defenderla”, registró en ese trabajo.

Francisco Galán, un general de las milicias españolas, constituye una entrevista a un destacado militar republicano, en la cual Pablo recreó las escenas de un modo casi cinematográfico, mediante la alternancia de valoraciones, impresiones y datos sobre el personaje.

Así es Paco Galán, general de milicias, a un tiempo militar y político, a la vez estratega y comisario, organizador y táctico, creador de soldados y director de combates; hombre en realidad magnífico, lleno de interés humano y revolucionario”, refirió.

La estructura poco convencional de las crónicas se manifestó también en el texto titulado En el parapeto, en el cual narró, entre otros hechos, una polémica sostenida con un cura franquista y el enfrentamiento entre los dos bandos contendientes.

En la guerra cabe la astucia, pero no la hipocresía. Por eso, tan pronto como la oscuridad lo permitía, los hombres sacaban la cabeza fuera de los parapetos y comenzaban a insultarse unos a otros (...) Era un combate en que el ingenio tomaba una parte principal”, afirmó.

En cada uno de los materiales resalta la capacidad del autor para dibujar ambientes, caricaturizar al enemigo y construir una historia de no ficción con altos valores literarios y narrativos.

Víctor Casaus, director del centro cultural Pablo de la Torriente, en la capital cubana, explicó en una ocasión que la obra del periodista es muestra de inteligencia, rigor, autenticidad, compromiso y capacidad de juzgar los problemas de su tiempo.

Las crónicas de guerra de Pablo son instrumentos en medio del conflicto, y como tal, retan y transforman las teorías del periodismo y la percepción de los lectores, los cuales pueden seguir de cerca la vida y los ideales de los héroes republicanos.

A 110 años de su nacimiento, Pablo continúa siendo una figura cimera del periodismo cubano de todos los tiempos, caracterizado por esa capacidad escudriñadora que lo llevó a decir cuando llegó a España: “No me canso de ver todo esto (...) Todo es espectáculo para mí”.


domingo, 20 de noviembre de 2011

Zona Moisés




Hablo con Moisés toda la noche. Estamos en mil911, una casa antigua transformada en bar. Paredes de ladrillos marrones, mesas y sillas de madera, una luz amarilla que no encandila y grandes ventanales que muestran a La Plata tranquila y fría. Afuera hay gente fumando, hablando y riendo. Nosotros esperamos el comienzo de una obra de teatro y matamos el tiempo con fernet y conversaciones.

Moisés es artesano del acero y todos saben que es uno de los últimos artistas sobrevivientes de las décadas pasadas. No deja de reír y los dientes se le ven desparejos y gastados. Moisés, en ocasiones, parece un buda sureño: los ojos achinados, una sonrisa permanente, poco cabello blanco en la cabeza.

Le pregunto por su vida. La respuesta es un trayecto sinuoso que lo llevó a El Bolsón, Entre Ríos, idas y vueltas a La Plata. En el medio, la esperanza de un mundo nuevo, la vida en comunidad, experiencias con drogas, bienvenidas y recaídas, el teatro, el trabajo y, al final, la vida misma.

El Club del Bucle, así se llamaba el bar que abrió Moisés. Fue después de la guerra de Malvinas, cuando los militares distendieron un poco la situación después de la estrepitosa derrota contra los ingleses. Moisés me cuenta que era el único lugar que había en La Plata. Por ahí pasaron Los Redondos cuando todavía no eran Los Redondos. También se presentaban obras de teatros, desaliñados por doquier, frenéticos y lunáticos, y hombres y mujeres que buscaban aire puro. Pero era difícil mantener la cordura y el lugar. Hasta que un día la dueña de la casa donde funcionaba el Club trabó las puertas y ventanas con tablas de madera. Si el Club del Bucle era semiclandestino, ahora había avanzado en su condición, porque Moisés sacaba de forma religiosa por las noches las tablas para abrir las puertas a nuevas fiestas.

La obra de teatro está por arrancar. Las hijas de Moisés lo abrazan. Todos lo saludan. Una chica de ojos oscuros y profundos me dice que daría lo que sea para que Moisés fuera su abuelo. Un amigo me confiesa: “El viejo es grande”. El viejo es Moisés.

(Caracas, 16 de noviembre de 2011)

lunes, 3 de octubre de 2011

René González: un Quijote que lucha contra la maquinaria judicial de EEUU


La puerta hacia la libertad, en algunos casos y sobre todo en Estados Unidos, puede conducir hacia una cárcel encubierta que pone en riesgo a quien cumplió su condena.

Este es el caso de René González, el antiterrorista cubano que, luego de 13 años de injusta prisión en territorio norteamericano, concluirá su condena el próximo viernes, aunque la plenitud de sus derechos seguirán coartados por nuevas medidas judiciales.

Confinado en una prisión federal de la ciudad de Marianna, en el norte del estado de Florida, González fue sentenciado a 15 años por los cargos de conspiración y por no reportarse como agente extranjero mientras vivía en Estados Unidos.

Los juicios a él y a los otros cuatro antiterroristas cubanos Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo hernández y Ramón Labaniño, fueron denunciado a nivel internacional por sus irregularidades en los procesos y condenas.

Como ejemplo de esto, diez premios Nobel reclaman desde hace años la libertad de los reconocido Cinco Héroes Cubanos.


En el caso de René González, la justicia estadounidense mostró nuevamente sus mecanismos punitivos, cuando la magistrada Joan Lenard rechazó una moción de la defensa para que el antiterrorista pudiera volver a Cuba y reencontrarse con su familia.

El pedido de González apuntaba a bloquear la medida judicial que indicaba que el prisionero debía cumplir tres años más en suelo estadounidense, bajo el rótulo de “libertad supervisada”.

El abogado del antiterrorista, Philip R. Horowitz, explicó a la agencia Efe que la moción se debe a que en Estados Unidos, González carece de vínculos familiares, no posee propiedades y tampoco tiene perspectiva de trabajo cuando salga de la cárcel.

Pero el peligro más real con respecto a la situación del antiterrorista, es la posibilidad de que los grupos anticubanos afincados en el estado de La Florida puedan atacarlo o atentar contra su vida.

Las razones para estas bandas son concretas: los Cinco se encargaban de
monitorear a las agrupaciones terroristas que mantienen hasta el día de hoy planes de sabotajes y violencia contra la isla caribeña.


Aunque González y sus compañeros no atentaron contra la seguridad nacional de Estados Unidos, el brazo judicial de ese sistema no los perdonó: sentencias desmesuradas, irregularidades varias, prohibiciones para que sus familiares los visiten, sanciones dentro de las prisiones y una virulenta campaña mediática contra ellos son parte del mecanismo para mantenerlos sin libertad.

Pero quien también está detrás de este nuevo castigo contra el antiterrorista es Caroline Heck-Miller, la fiscal de la causa que impulsó que su retorno a Cuba se pospusiera por tres años más.

La funcionaria que representa a Estados Unidos es viuda de Gene Miller, un exoficial de Inteligencia militar en la guerra de Corea, anticomunista declarado y quien puso el nombre de Peter Pan a la operación que décadas atrás organizó la CIA para raptar niños cubanos, reseñó el diario Granma.

Para el investigador Jean-Guy Allard, Heck-Miller es la fiscal que insistió en llevar el caso de los Cinco a juicio, "además de ser la que negó el traslado del proceso fuera de Miami y la que desempeñó un papel clave para que los cubanos fueran condenados injustamente a largas sentencias, totalmente fuera de normas".

De "venganza política" por parte de EEUU calificó el canciller cubano Bruno Rodríguez la decisión judicial contra González convertida en "un castigo adicional".

Nacido en agosto de 1956 en Chicago, Estados Unidos, René González, regresó a Cuba junto a sus padres cubanos en 1961, cuando éstos decidieron apoyar la Revolución que dos años antes había encabezado Fidel Castro.

Miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) desde 1970 y desde 1990 integrante del Partido Comunista de Cuba (PCC), fue profesor de Física, conductor de tanques y piloto de aviación.

González pasó varios años en misiones internacionalistas, principalmente en Angola y a su regreso a Cuba en 1979, el gobierno revolucionario lo condecoró con la medalla Combatiente Internacionalista.

Para finales de 1990, partió hacia Estados Unidos, donde accedió a diferentes organizaciones contrarrevolucionarias, mientras sostenía una vida austera y trabajaba como instructor de pilotos.

Quienes conocen a René González no dudan en afirmar que es una persona de una dignidad férrea, de gran sensibilidad humana y que el nuevo castigo a dónde lo quieren arrastrar se debe a que en ningún momento mostró arrepentimiento por la tarea que realizaba en Miami.

Y que sus convicciones tienen la misma templanza que la de sus otros compañeros en injusto cautiverio.


(Publicado en Agencia Venezolana de Noticias - 3 de octubre de 2011 - www.avn.info.ve)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Raymond Chandler en Hollywood



(Artículo de Prensa Latina, publicado el 22 de septiembre de 2011)

Cuando, en 1943, Raymond Chandler llega a la Paramount, tiene 55 años. Es escritor de novelas policíacas. Su obra sólo es conocida entre los fanáticos del género. Y él y su mujer están al borde de la miseria.

Dos años antes, la RKO le había comprado los derechos de “Adiós, muñeca” por unos cientos de dólares. Con la novela se rodó un filme de la serie “El halcón”, que interpretaba entonces George Sanders. El clásico producto B que pronto fue olvidado.

Al año siguiente vendió los derechos de “La ventana alta”, pero esta vez a la Fox. Y con Lloyd Notan en el estelar. Otra peliculita tipo B que pocos vieron y nadie recuerda. Su arribo a la Paramount ahora, por tanto, marcaba su verdadero debut en Hollywood.

Y lo hacía para trabajar con Billy Wilder en la adaptación de la obra de James Cain que en español se conoce como “Pacto de sangre”.
Título clave del cine negro en que la pareja protagónica, Barbara Stanwyck y Fred MacMurray, asesina por ambición y pasión adúltera.

Según relata Wilder en sus memorias, cuando se conocieron fue “odio a primera vista”. El escritor le pareció un hombre amargado, histérico, de tez macilenta como de alguien que se esconde y bebe, desaliñado y que fumaba una cachimba apestosa.

Además, había oído decir que había perdido un buen empleo a causa de sus borracheras. Y que estaba casado con una mujer mucho mayor que él. Reconocía que era un autor que podía describir maravillosamente y componer buenos diálogos. Pero que era más fácil escribir un guión en común con dramaturgos que con narradores.

Opinaba el inquieto vienés que un dramaturgo, en contraposición con un narrador, sabe que una obra de teatro, una película, es como un juego de ajedrez donde cualquier movimiento condiciona y determina el siguiente.

Decía que un movimiento puede ser todo lo bonito que se quiera.
Pero que si no hace avanzar la historia no sirve para nada. Y añadía: “Una escena que pueda sacarse de una película sin que ésta pierda su sentido es una escena incorrecta. Escribir para el cine es lo mismo que jugar ajedrez. Escribir una novela es lo mismo que hacer solitarios”.

Por su parte, Chandler también se sentía incómodo. Entre otras cosas, no soportaba la franqueza, la ironía y el hablar altisonante de Wilder. Consideraba que lo humillaba cuando le daba órdenes, como pedirle que abriera una ventana, cerrara una puerta o trajera un poco de café. Y que era una grosería el que trabajara con el sombrero o un gorro puesto.

Es decir, habían chocado dos personalidades totalmente opuestas. Al extremo que cuando se separaron, el escritor recordaría su colaboración con el cineasta como una experiencia insoportable que seguramente acortó su vida. Y Wilder no se quedó a la zaga, pues dijo que nunca había trabajado con alguien que le irritara más.


En Hollywood nadie sabe leer

Al final todo salió bien. La historia ganó en agilidad narrativa. Abrió paso a una manera nueva de hacer cine en la pantalla
norteamericana. El guión obtuvo una nominación al Oscar. Y cuando James Cain vio el filme lo consideró superior a su novela.

Poco después, a Chandler le asignaron mejorar los diálogos de dos guiones ya hechos. Uno que estaría interpretado por Alan Ladd. Y otro por Joel McCrea. En ambos casos se mostró con mayor rapidez y más ducho en el manejo del lenguaje cinematográfico.

Con los días sigue progresando. Aprende nuevos secretos del texto fílmico. Pero la suerte le es adversa. Directores mediocres (no todo el mundo es Wilde) cambian sus originales y destrozan sus iniciativas. Tanto es así, que Chandler confiesa a un colega: “En Hollywood nadie sabe leer. Y si lo hubiese sería incapaz de diferenciar un guión bueno de otro malo”.

El gran reto lo tiene cuando la Paramount le pide un guión original para su estrella Alan Ladd y escribe “La dalia azul”. Una novela trunca que convierte en guión y donde encontramos todos los ingredientes característicos de sus climas. Amén del manejo atinado de la psicología de sus personajes. Y el conocimiento cabal de la sociedad que nos presenta. Todo un señor thriller-melodrama.

El otro gran director con el que Chandler trabaja (y sufre) es Alfred Hitchcock, para el que, en 1951, escribe el guión de “Pacto siniestro”, según el libro de la novelista Patricia Highsmith.

La colaboración entre uno y otro fue un desastre. Con decir que el escritor veía en el realizador a un individuo tan grueso como cerril, incapaz de admitir nada que no fuesen sus propios puntos de vista.

Y el cineasta, más comedido, se limitaba a señalar que las cosas no habían marchado bien entre ellos. Aunque, eso sí, hacía responsable fundamental del fracaso del guión a Chandler y argumentaba al respecto.

Por ejemplo, señalaba que cuando le decía al escritor por qué no hacer tal o cual cosa, éste le contestaba invariablemente que si tenía las soluciones en la cabeza para qué lo necesitaba. Finalmente, Hitchcock llamó a Czenzi Ormonde, otro libretista, para terminar el guión.


Un raro especimen

Es posible que Hollywood haya subestimado al autor más importante de la novela negra. Se le tomaba por un simple escritor de libros policíacos. Un obrero de la literatura que marcaba tarjeta a las ocho de la mañana y al que fácilmente se le podía hacer bajar la cerviz.

Muy pocos, dentro de la industria del cine, admiraban sus relatos, diálogos y audaces imágenes. Y mucho menos aún conocían de su fuerte integridad artística y su voluntad de libertad. Todo lo cual hizo de él un raro espécimen del sofisticado aparato organizativo hollywoodense.

Sobre su paso por el centro tradicional del cine estadounidense dejó varias observaciones. Algunas de las cuales dan prueba de su aguda capacidad irónica, otro de sus fuertes: “Si mis libros hubiesen sido peores, Hollywood jamás me habría llamado. Y de haber sido mejores, yo nunca hubiese ido”.

En Hollywood encontrar un buen guión resulta un fenómeno tan extraordinario como ingenuo. No me preocupa mi reputación como guionista. No me gusta escribir guiones y jamás volveré a hacerlo. Si hice esto fue simplemente por dinero”.

Hollywood es una especie de palacio de gobierno sudamericano tomado por asalto por militares vestidos con uniforme de opereta. Cuando todo termina y se pueden contemplar los muertos andrajosos que pueblan por millares las calles ante los muros, uno comprende de improviso que esto no tiene nada de divertido: es un circo romano condicionado a marcar el fin de una civilización”.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Adiós a La Bestia




Voy a bailar el rock del rico Luna Park...”
(Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota)


Nadie conocía a La Bestia Romero. Pero las historias corrían como vino en el bar del Máquina, entonces esa noche Mudy recordó algunos combates memorables, las luces y flashes que encandilaban en el Luna Park, y terminó, entrada la madrugada, recordando a Romero, sus puños rústicos y directos, una vida de pobreza e ilusiones que terminó con su cuerpo agujereado por los balazos de la policía.

“Le mataron el águila”, dijo Mudy y todos nos quedamos esperando una explicación.

La Bestia Romero había brillado en la década del 80 y su caída fue por esa época, luego de perder una pelea en Europa que le abriría las puertas a las grandes ligas.

“Porque el tipo tenía un águila tatuada en el pecho, así de grande. Cuando levantaba los brazos, ese pájaro se agrandaba, parecía que iba a salir volando. Dicen que fue buen tipo Romero. Lo cagaron a tiros en Isidro Casanova”, resumió Mudy, mientras encendía otro cigarrillo y relajaba su garganta con un trago de cerveza.

Cuando el vaso quedó vacío, Mudy empezó a tararear el tango Volver. Algunos nos reímos, otros se levantaron para ir al baño. El Máquina escuchaba detrás del mostrador. Mudy le preguntó si se acordaba de La Bestia. El Máquina dijo que sí y que alguna vez se lo cruzó en la ciudad. Porque Romero había vivido mucho tiempo por acá, cuando salió de la cárcel y le prometió a su madre que el choreo era cosa del pasado. Por eso se metió a chapista, sodero y obrero textil. El Máquina dijo que atrás de esaq nueva vida quedaban unos añitos guardado en las cárceles de Olmos y Devoto. Y agregó: “Si te agarraba con la derecha, te mandaba directo a dormir la siesta”.

Mudy llegaba al final del relato, detallado, preciso, como si ese día donde todo oscureció él fuera un testigo privilegiado.

“La cosa es que el tipo volvió de Europa y la pudrió. Había perdido, pero igual allá estuvo por ganar la pelea. El tipo volvió y a los nueve días salió a chorear otra vez. Estaba con uno de sus hermanos y otras personas. Creo que trataron de reventar unas empresas de trasportes, o algo así. Sí me acuerdo las fotos cuando apareció la noticia. A los milicos los cagaron a tiros como por una hora, pero al final los pusieron. A La Bestia le metieron ocho balazos. Una picardía, porque era buen tipo y acá había formado una familia”.

Al bar del Máquina lo invadió el olor a pólvora. Algunos pudimos escuchar los estampidos, los gritos y las puteadas. Mudy puso una mueca de tristeza. Esa noche, los disparos terminaron otra vez con la vida de un tipo que había intentado romper con su pasado.

(Caracas, septiembre de 2011)

martes, 13 de septiembre de 2011

Mumia Abu Jamal y la voz de la libertad


Mumia Abu-Jamal logró tumbar los muros que lo separaban de la libertad a fuerza de artículos periodísticos y análisis detallados del sistema carcelario estadounidense, donde el persistente racismo contra negros y latinos se profundiza con el paso del tiempo.

Periodista, activista político y ex miembro de la histórica organización Panteras Negras, Abu-Jamal presenta una sistematización de esos hechos en el libro Desde la galería de la muerte, editado por Monte Ávila en 2009.

Las descripciones de los días monótonos tras las rejas, las historias de vida de presos condenados a muerte y las referencias históricas del sistema judicial estadounidense que ataca de forma permanente a las minorías, son los ejes centrales de sus artículos.

Condenado a muerte por el supuesto asesinato del policía Daniel Faulkner en 1982, la causa contra Abu-Jamal estuvo plagada de irregularidades y todavía hoy es denunciada a nivel internacional.


No puede concebirse Desde la galería de la muerte solo como un libro autoreferencial o biográfico. Sus textos transmiten un ambiente denso y oscuro, pero esperanzador, principalmente por los llamados de Abu-Jamal a cambiar de fondo a la sociedad estadounidense.

Las historias de sus compañeros de celda son los fragmentos más interesantes del libro: hombres muertos en vida esperando una orden que termine con sus días.

Como bien explica el autor, para los prisioneros la muerte es “una formalidad a la que ya se han hecho a la idea, gracias a la cual el Estado puede concluir su premeditado drama matando por segunda vez al ya muerto”.


Las vidas descarnadas dentro del presidio son relatadas, con una calidad digna de los grandes maestros de la literatura estadounidense, para demostrar que los sistemas judiciales y penitenciarios de Norteamerica funcionan como mecanismo punitivo de ideologías, rebeldías o, simplemente, de errores.

Así lo demuestra la historia de Harry Washington, condenado a muerte y sometido a un total aislamiento. Como si la tortura cotidiana no fuera suficiente, Washington es sometido a “un tratamiento psiquiátrico cuya única finalidad es sumir a los enfermos en un estado de coma, servido por carceleros y funcionarios hostiles y claramente racistas... Si se añade a esto el peso de sentirse separado de los lazos familiares, se tienen todas las papeletas para conseguir un estado mental en creciente deterioro, una degradación humana pensada y diseñada por el Estado, con pleno conocimiento de sus efectos”.

Y en este punto es donde Mumia Abu-Jamal aporta los análisis más importantes cuando revela que el sometimiento contra los presos no son “errores” o “abusos” del sistema político estadounidense, sino que forman parte neural de su funcionamiento capitalista.

Desde las estructuras gubernamentales más altas hasta el día a día detrás de las rejas, Abu-Jamal desentraña hasta los más mínimos indicios de opresión, como lo describe en este fragmento: “Aquí uno tiene poca o ninguna vida espiritual. Aquí muchos escapan al fantasma omnipresente de la muerte sólo por medio de diversiones comunes, de la televisión, la radio o los deportes. Se permiten los aparatos de televisión, pero no las máquinas de escribir: uno puede desperdiciar sus energías en esa clase de entretenimientos, pero una herramienta esencial para conseguir la liberación a través de un procedimiento judicial se considera un riesgo para la seguridad”.

Desde la galería de la muerte fue criticado y boicoteado por los círculos de poder estadounidenses, algo que no pudieron lograr porque las palabras de Mumia Abu-Jamal tienen la fuerza del viento que no respeta rejas y opresiones.

(Septiembre de 2011 - www.avn.info.ve)